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Rav Ginsburgh · 137, cap. 7

137

137 — el número entre la vida y la muerte

El mismo número que gobierna la luz mide la duración de la vida humana — y se planta en el umbral entre el ser y el no-ser.

137Ismael
137Leví
137Amram

El número de la vida en la Torá

La Torá menciona pocas edades de forma explícita. Pero un número, más que ningún otro, aparece declarado abiertamente como duración de una vida: 137. Ismael, hijo de Abraham, vivió «137 años» (Bereshit/Génesis 25:17). Leví, hijo de Jacob, vivió «137 años» (Shemot/Éxodo 6:16). Y Amram, el padre de Moisés, vivió «137 años» (Shemot/Éxodo 6:20). Un mismo número, tres veces, escrito a la vista — la edad explícita más frecuente de toda la Torá.

Y es el mismo 137 que en otro misterio gobierna la luz del universo: Kabbalah = 137, y la constante de estructura fina α ≈ 1/137 que rige la interacción entre la luz y la materia. El número que une la física con la Cabalá es, en la Torá, el número de la vida del hombre.

Abraham, al morir Sará

100nace Isaac
+
37muere Sará
=
137Abraham

Sará vivió «127 años» (Bereshit/Génesis 23:1) — la única mujer de la Torá cuya edad se declara explícitamente. Ahora hagamos la cuenta: Abraham tenía 100 años cuando nació Isaac (Génesis 21:5) y Sará tenía 90 (Génesis 17:17). De modo que cuando Sará murió a los 127, Isaac tenía 37 — y Abraham tenía exactamente 137.

El Zóhar (Zóhar Bereshit 123a) señala un detalle del texto: el versículo que relata la vida de Sará comienza con la palabra וַיִּהְיוּ («y fueron»), cuyo valor numérico es 37 — la edad de Isaac en ese instante. La Torá congela a Abraham en la cumbre de su vida: justo después de la última prueba, a los 137 años, frente a la mayor de las pérdidas.

Y aquí está el nudo del misterio. En Pirkei Avot (Ética de los Padres 5:21) se enseña: «A los cien años, es como si ya hubiera muerto, hubiera pasado y se hubiera anulado de este mundo». Y sin embargo Abraham llegó a su cumbre a los 137 y siguió vivo. 137 no es la edad de la muerte, sino la edad del umbral: el punto donde la vida y la muerte están presentes a la vez.

El gato de Schrödinger y 137

מַה־טּוֹב«qué es bueno»
=
137Kohelet 6:12

En la física cuántica, la vida de una partícula cargada depende de la probabilidad de que se desintegre — y esa probabilidad es proporcional a la misma constante de estructura fina, ≈ 1/137. Dicho de otro modo: 137 determina cuánto tiempo «vive» una partícula.

Schrödinger lo convirtió en un experimento mental famoso: un gato encerrado en una caja junto a una partícula que, si se desintegra, libera un veneno. Mientras el observador no abra la caja, la partícula está en «superposición» — y el gato está vivo y muerto a la vez. Einstein llamó a este mundo fantasmal «acción espeluznante a distancia». Así, el mismo 137 que rige la luz tiene también en sus manos el destino del gato de Schrödinger.

Y la Torá conoce ese mismo nudo. Kohelet (Eclesiastés 6:12) pregunta: «מַה־טּוֹב לָאָדָם» — «¿qué es bueno para el hombre?». El valor numérico de esa frase es exactamente 137. ¿Quién sabe cuál de sus elecciones es buena? Y Devarim (Deuteronomio 30:19) responde: «La vida y la muerte he puesto delante de ti… elige, pues, la vida». La elección consciente — igual que abrir la caja — es lo que determina el destino.

הִתְבּוֹנְנוּת

Siéntate un momento con esto. El mismo número que se planta en la frontera de la luz y la materia — 137 — se planta también en la frontera de la vida y la muerte. Kohelet llama a la vida «una sombra»; y «sombra» (צֵל) vale 120, la edad de Moisés, símbolo de la vida plena. Caminamos en la sombra de la vida, entre lo que es y lo que podría no ser.

Abraham, a los 137, frente a la muerte de su esposa, no murió — eligió seguir vivo. Quizá ese sea el sentido: la vida, hasta el último instante, es una «superposición». Cada día es una caja cerrada, y nuestra elección — hacia el bien, hacia la vida — es lo que la abre. ¿Cuál eliges tú hoy?

מַה־טּוֹב לָאָדָם

El número del umbral

Ismael, Leví y Amram: cada uno 137 años. Abraham al morir Sará: 137. «Qué es bueno para el hombre» (Kohelet 6:12) = 137. Y en física, 137 rige la vida de la partícula — y el destino del gato de Schrödinger. El mismo número que sostiene la luz se planta en el umbral entre el ser y el no-ser.

Del libro «137: The Riddle of Creation» de Rav Yitzchak Ginsburgh, cap. 7

El mismo número que brilla en el corazón del átomo está escrito en la cuenta de los años del hombre. 137 no es el final; es el umbral. Y mientras todavía elegimos, todavía estamos vivos.

חַשְׁמַל

Cabalá & Filosofía Judía

Jashmal — The voice of silence