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Rav Ginsburgh · 137, cap. 11

מוֹצֵאEl que halla · 137
=
קַבָּלָה137
137

Dios, el Casamentero

El mismo número que acopla la luz con la materia enlaza también a dos almas.

137 — la constante que acopla

En física, el número 137 se llama «constante de estructura fina»: un número sin dimensiones que fija con qué intensidad la luz se adhiere a la materia. Se le llama «constante de acoplamiento» (coupling constant) — es decir, el número que dice con cuánta fuerza un fotón (partícula de luz) y un electrón (partícula de materia) se abrazan. Sin él, los átomos no se formarían y no existiría el universo material.

Ginsburgh ve aquí una imagen nupcial. El fotón no tiene masa y en el vacío viaja siempre a la velocidad de la luz; el electrón, partícula de materia, es más pesado y más lento. Cuando el electrón absorbe un fotón, se energiza y salta a un nivel superior — igual que una unión que transforma a dos personas. Y en el modelo de Bohr, el electrón del átomo de hidrógeno orbita a cerca de 1/137 de la velocidad de la luz. Así, 137 es el umbral donde la energía se vuelve materia: donde la luz «masculina» y la materia «femenina» se encuentran.

Y 137, como hemos visto a lo largo de esta serie, es el valor numérico de la palabra קַבָּלָה (Cabalá). El número que en la física acopla luz y materia es, en hebreo, el nombre mismo de la sabiduría que enseña las uniones.

«El que halla» vale 137

מ40
+
ו6
+
צ90
+
א1
=
137מוֹצֵא

El Talmud (Berajot 8a) cuenta que en la Tierra de Israel, cuando un hombre se casaba, le preguntaban: מָצָא o מוֹצֵא — «¿hallaste» o «hallas»? La pregunta enfrenta dos versículos. Uno, de Mishlé (Proverbios 18:22): «מָצָא אִשָּׁה מָצָא טוֹב — el que halló esposa halló bien». El otro, de Kohelet (Eclesiastés 7:26): «וּמוֹצֶא אֲנִי מַר מִמָּוֶת — y hallo a la mujer más amarga que la muerte». El destino de un matrimonio depende de si tú hallas en tu pareja «el bien» o «la amargura».

Y esa misma palabra clave — מוֹצֵא, «el que halla» — vale 137: מ (40) + ו (6) + צ (90) + א (1) = 137. El número de Cabalá, el número que acopla la luz con la materia. Hallar esposa, en hebreo, lleva el mismo número que en el cosmos ata dos partículas.

מוֹצֵא tiene otro sentido: «origen, fuente». En Bamidbar (Números 33:2) Moshé escribe los «orígenes» (מוֹצָאֵיהֶם) de los viajes de Israel. El Alter Rebe (fundador de Jabad) enseña que la meta del viaje del alma por este mundo es volver a su origen. El matrimonio, en su capa más honda, es hallar ese origen: dos mitades de una misma alma que se reencuentran.

Cada pareja se decide en el Cielo

Los sabios (Moed Katán 18b) enseñan que en cada una de las tres partes de la Biblia hay un versículo que dice, explícito, que la pareja viene del Cielo:

Torá · Bereshit (Génesis) 24:50

«De Hashem salió el asunto» — la familia de Rivká, al entregarla a Itzjak.

מֵיְהוָה יָצָא הַדָּבָר = 378 = חַשְׁמַל

Profetas · Shoftim (Jueces) 14:4

«De Hashem era ella» — sobre la esposa de Shimshón (Sansón); «ello» (הִיא) significa literalmente «ella».

מֵיְהוָה הִיא

Escritos · Mishlé (Proverbios) 19:14

«…mas de Hashem, una mujer sabia» — la mujer entendida no es herencia de padres, sino don del Cielo.

אִשָּׁה מַשְׂכָּלֶת = 1096 = 8 × 137

Y en las tres, el número está escondido. En la Torá, la frase «de Hashem salió el asunto» (מֵיְהוָה יָצָא הַדָּבָר) vale 378 — el mismo חַשְׁמַל, la palabra más misteriosa de la Biblia. En los Escritos, «una mujer sabia» (אִשָּׁה מַשְׂכָּלֶת) vale 1096, es decir ocho veces 137; y como tiene ocho letras, el valor promedio de cada letra es exactamente 137.

Rut y Bóaz son de la misma estirpe: la suma de sus nombres (בֹּעַז + רוּת) vale 685 = cinco veces 137. El Zóhar dice que las almas de Bóaz y Rut estuvieron entre aquellas con las que Dios consultó antes de crear el mundo. E Itzjak y Rivká, la primera pareja monógama de la Torá, son el ejemplo perfecto de «un match hecho en el Cielo». El Talmud (Sotá 2a) dice que emparejar a dos personas es, para Dios, tan difícil como partir el Mar Rojo.

««Casa y hacienda son herencia de los padres; mas de Hashem, una mujer sabia.»»

Mishlé (Proverbios) 19:14

הִתְבּוֹנְנוּת

Siéntate un momento con esto. El mismo número que en el corazón de cada átomo ata la luz a la materia — 137 — es el número de «el que halla» esposa, y el número de la Cabalá. La física dice que sin esa constante nada se adheriría y no habría universo. La Cabalá dice que sin la unión ningún alma se completaría. Un número, dos lenguas, una verdad: la existencia está hecha de acoplamiento.

Y si el match se hace en el Cielo, entonces hallar esposa no es algo que tú logres solo; es reencontrar lo que ya estaba preparado para ti. La pregunta de los sabios sigue en pie: en quien está contigo, ¿hallas «el bien» o «la amargura»? Porque una misma pareja, según cómo la mires, puede ser מָצָא טוֹב (hallar el bien) o מַר מִמָּוֶת (más amarga que la muerte).

מוֹצֵא אִשָּׁה מָצָא טוֹב

El número del matrimonio cósmico

137 en la física acopla la luz con la materia; en hebreo, «el que halla» (מוֹצֵא) esposa vale 137 = קַבָּלָה. El fotón masculino y el electrón femenino, dos mitades de una misma alma, dos partículas que se vuelven una — todo con un solo número. Y los sabios dicen que esa unión se decide en el Cielo, tan difícil como partir el mar. El universo está hecho de acoplamiento.

Del libro «137: The Riddle of Creation» de Rav Yitzchak Ginsburgh, cap. 11

La luz no tiene masa y va libre; la materia es pesada y se queda. Un solo número las ata y hace, de la energía, un mundo. Y ese mismo número acerca también a dos almas. Quizá hallar al otro sea, en el fondo, hallar el propio origen.

חַשְׁמַל

Cabalá & Filosofía Judía

Jashmal — The voice of silence