Rav Ginsburgh · 137, cap. 8

אַיֵּה¿Dónde?
הִיאElla
137

137 — el número femenino

Tres letras, una pregunta, y una respuesta que es esa misma pregunta al revés.

Tres letras, un número

En el alefato hebreo hay tres letras distintas de todas las demás: álef (א), hei (ה) y yod (י). No son solo consonantes: pueden también llevar el sonido de una vocal. La Cabalá las llama «letras de aliento»: letras que casi no se ven, pero que permiten que las otras suenen.

En Cabalá cada letra puede «escribirse completa» (milui): en vez de la letra sola, se escribe su nombre y se suma el valor de ese nombre. Para estas tres, el resultado es este:

אָלֶףálef · 111
+
הֵאhei · 6
+
יוֹדyod · 20
=
137קַבָּלָה

אָלֶף (111) + הֵא (6) + יוֹד (20) = 137. El mismo 137 que vale la palabra קַבָּלָה («Cabalá»), y el mismo número que la física considera la constante más enigmática de la naturaleza.

La pregunta escondida en la primera frase

בְּרֵאשִׁית בָּרָא אֱלֹהִים

«En el principio creó Dios» — las tres primeras palabras de la Torá. Ahora cuenta las letras desde el inicio. El primer álef (א) es la 3.ª letra de la Torá. El primer yod (י) es la 5.ª. Y el primer hei (ה) es la 12.ª. Es decir: estas tres letras aparecen, por orden de primera aparición, así: א · י · ה.

אletra 3.ª
יletra 5.ª
הletra 12.ª
=
אַיֵּה«¿dónde?»

אַיֵּה (ayé) significa en hebreo «¿dónde?». Y esa pregunta tiene una dirección concreta en la liturgia judía: en la Kedushá de Musaf los ángeles se preguntan unos a otros אַיֵּה מְקוֹם כְּבוֹדוֹ — «¿dónde está el lugar de Su gloria?». La Torá no empieza con una afirmación: empieza con una pregunta escondida.

«¿Dónde está el lugar de Su gloria?»

Kedushá de Musaf

Y la respuesta fue: Ella

יְהִי אוֹר וַיְהִי־אוֹר

«Haya luz, y hubo luz» (Génesis 1:3) — el primer acto de creación dicho en voz alta. Aquí las mismas tres letras vuelven a quedar juntas, sin ninguna otra letra entre ellas: dentro de יְהִי אוֹר, y otra vez dentro de וַיְהִי אוֹר. Y esta vez se leen הִיא — «ella», el pronombre femenino.

הִיא es exactamente אַיֵּה al revés: h-i-a en lugar de a-i-h. La pregunta, invertida, se vuelve respuesta. «¿Dónde está el lugar de Su gloria?» — en Ella. Y el milui de ese mismo הִיא (הא יוד אלף) vuelve a dar 137: las mismas tres letras, el mismo número.

אַיֵּהLa pregunta
הִיאLa respuesta · 137

Recibir es femenino

La palabra קַבָּלָה («Cabalá») viene de la raíz ק־ב־ל, que significa dos cosas: «recibir» y «estar paralelo, frente a». Para recibir hay que estar frente al que da. En toda la Torá esa raíz aparece solo dos veces — y las dos en femenino plural: מַקְבִּילֹת הַלֻּלָאֹת, «paralelos estaban los lazos, uno frente al otro», describiendo las cortinas del Santuario (Shemot/Éxodo 26:5 y 36:12).

Y aquí ocurre algo notable: la primera vez que las cuatro letras de קבלה aparecen juntas en una sola palabra de la Torá —en otro orden— es cuando Dios le dice a Abraham: «todo lo que Sará te diga, escucha su voz» — שְׁמַע בְּקֹלָהּ (Génesis 21:12). La palabra בְּקֹלָהּ («su voz») tiene las mismas cuatro letras de קַבָּלָה, y también el mismo valor: 137.

בְּקֹלָהּ«su voz» · 137
=
קַבָּלָה137

Rashi (el comentarista clásico por excelencia) escribe sobre este mismo versículo que Abraham era inferior a Sará en profecía. El hombre que inaugura todo el camino recibe la orden de escuchar. La primera Cabalá es oír.

La luz que da, el vaso que recibe

En física, 137 no es un número cualquiera. Es el inverso de la constante de estructura fina (α): el número que decide con qué fuerza la luz se agarra a la materia. Cada color que ves, cada enlace químico, cada vez que tu mano toca una mesa: todo eso se mide con ese número. Y ningún físico ha logrado todavía derivarlo desde primeros principios.

Y esa es exactamente la estructura básica de la Cabalá: la luz (אוֹר) que da, y el vaso (כְּלִי) que recibe. Lo que da es el principio masculino; lo que recibe, el femenino. 137 no es el número de la luz ni el número de la materia: es el número del vínculo entre las dos. El número de la relación.

Ese vínculo está firmado en varios lugares más. En Mishlé (Proverbios 19:14) la expresión אִשָּׁה מַשְׂכָּלֶת — «una mujer perspicaz»— vale 1.096; y como tiene exactamente ocho letras, a cada letra le tocan 137. Rajel (רָחֵל, 238) y Leá (לֵאָה, 36), las dos esposas de Yaakov, suman 274: su promedio es otra vez 137. Y en el Zóhar, el ángel de la belleza y de la sabiduría cabalística se llama יוֹפִיאֵל — que también vale 137.

אִשָּׁה מַשְׂכָּלֶת1.096 = 8 × 137
רָחֵל · לֵאָהpromedio 137
יוֹפִיאֵל137

הִתְבּוֹנְנוּת

Siéntate un momento con esto. Aquí «femenino» no es un papel social: es uno de los dos movimientos básicos de la existencia — dar y recibir. Los dos están en toda persona. La pregunta אַיֵּה —«¿dónde estás?»— solo obtiene respuesta cuando alguien se vuelve vaso.

¿En cuál de los dos movimientos estás hoy? ¿En el de dar — hablar, construir, irradiar? ¿O en el de recibir — callar, escuchar, hacer espacio? A Abraham, que era profeta, se le ordenó escuchar la voz de Sará. A veces la mayor obra espiritual es esa: callarse, para que la luz que ya llegó encuentre dónde posarse.

אַיֵּה · הִיא

La pregunta, invertida, es la respuesta

Álef, hei y yod —las tres letras de aliento— escritas por su nombre suman 137, igual que קַבָּלָה. En la primera frase de la Torá, por orden de aparición, forman אַיֵּה («¿dónde?»); en la creación de la luz, al revés, הִיא («Ella»). Y 137 es en física la constante que ata la luz a la materia. La respuesta a esa pregunta no está afuera: está en el vaso, en lo que recibe.

Del libro «137: The Riddle of Creation» de Rav Yitzchak Ginsburgh, cap. 8

La Torá empieza con una pregunta escondida en sus letras: ¿dónde? Y la primera vez que la luz habla, esas mismas letras se dan vuelta y responden: Ella. Entre la pregunta y la respuesta cambió una sola cosa — la dirección de la lectura. A veces, para encontrar la respuesta, basta con mirar desde el otro lado.

חַשְׁמַל

Cabalá & Filosofía Judía

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