Rav Ginsburgh · 137, cap. 13

שָׁנָהAño · 355
÷
יוֹםDía · 113
π

El número escondido entre el día y el año

Dos palabras del calendario de la Torá. Una división. Y sale el número más antiguo de la geometría.

Dos hombres sobre un mismo río

וְהִנֵּה עֹמֵד עַל־הַיְאֹר

««...y he aquí que estaba de pie sobre el río.»»

Bereshit (Génesis) 41:1

La Torá cuenta el sueño del Faraón dos veces, y las dos versiones no son iguales. La primera (Génesis 41:1) dice que el Faraón estaba de pie «sobre el río» — al hayeor. Pero cuando el propio Faraón le narra su sueño a Yosef (Génesis 41:17), agrega una palabra: שְׂפַת, «la orilla». «Y he aquí que yo estaba de pie sobre la orilla del río.»

Rav Ginsburgh lo lee así: ese río es el río del tiempo. Estar de pie «sobre» el río es dominar el tiempo; estar en la «orilla» es verlo pasar desde afuera. El Faraón no lograba imaginarse sobre el río, así que añadió la palabra para que el sueño sonara verosímil. Yosef —el maestro de los sueños— es el que sí se para sobre el río.

Y la sorpresa está en los números: «y he aquí que estaba de pie sobre el río» (והנה עמד על היאר) vale 496 — el mismo valor de מַלְכוּת, Maljut, «reinado»: la dimensión del espacio, la posición estática del rey. Y «año» (שָׁנָה) vale 355, exactamente igual que «Faraón» (פַּרְעֹה) — y 355 es el número de días del año lunar. El Faraón es el tiempo que gira.

El día no cambia; el año sí

אוֹרLuz · 207
=
אֵין סוֹףSin fin · 207

«Y Dios llamó a la luz día» (Génesis 1:5). En Cabalá el día está hecho de luz, y la luz no cambia: אוֹר («luz») vale 207, y אֵין סוֹף («sin fin», el Infinito) también vale 207. El día es la dimensión interior, constante e ilimitada del tiempo — los tres poderes intelectuales del alma.

El año es exactamente lo contrario. En hebreo «año» (שָׁנָה) y «cambio» (שִׁינוּי) comparten la misma raíz. El año es la dimensión exterior y cambiante del tiempo — las siete cualidades emotivas del alma, que oscilan entre la revelación y la oscuridad. Por eso Yosef interpretó el sueño del Faraón como «años» y no como «días»: el Faraón vivía en las estaciones, en la abundancia y en el hambre.

La fracción que da π

יוֹםDía · 56
+
שָׁנָהAño · 355
=
4113 × 137

Primero la suma: «día» (יוֹם) vale 56 y «año» (שָׁנָה) vale 355. 56 + 355 = 411 — el mismo valor de תֹהוּ, tohu, el vacío primordial de Génesis 1:2, y el mismo valor de יֵשׁ מֵאַיִן, «algo de la nada». Y 411 es 3 × 137: el número de la Cabalá, tres veces.

Ahora la división. En Cabalá cada letra puede escribirse con su nombre completo (milui). «Día» (יום) está hecho de yod, vav y mem; escrito con sus nombres — יוד ואו מם — suma 113. Y ese mismo 113 aparece en otro lugar de la Torá: «o dos días» (אוֹ יוֹמַיִם, Éxodo 21:21) vale también exactamente 113.

355 / 113 = 3,1415929…

π = 3,1415926…

El año sobre el día: 355 dividido entre 113 da 3,1415929…, y π es 3,1415926… — idénticos hasta el sexto decimal. No es una coincidencia fácil de descartar: 355/113 es la mejor aproximación fraccionaria de π con números menores que mil. El matemático chino Zu Chongzhi la halló en el siglo V; Europa no llegó a ella hasta el siglo XVI.

Y los dos números están construidos desde adentro: 113 = 7² + 8², y 355 = 5² + 6² + 7² + 8² + 9² + 10². Las raíces del primero suman 7 + 8 = 15 — el valor del Nombre divino יָהּ; las del segundo suman 5 + 6 + 7 + 8 + 9 + 10 = 45 — el valor del Nombre de Dios cuando se escribe en plenitud con álef (יוד הא ואו הא).

El cuadrado, el círculo y la línea

מָקוֹםEspacio · 186
קַוLínea · 106

Uno de los Nombres de Dios es מָקוֹם, «el Espacio» — «Él es el espacio del mundo, y el mundo no es Su espacio». Su valor es 186, y eso es exactamente la suma de los cuadrados de las letras del Nombre divino יהוה: 10² + 5² + 6² + 5² = 186. Y mira la palabra misma: מקום empieza con mem y termina con mem, y entre las dos queda קו — «línea».

La imagen cabalística queda así: el cuadrado es el espacio divino absoluto; el círculo dentro del cuadrado es el universo creado — el año que gira; y la línea que atraviesa el círculo es el rayo de luz — el día que no cambia. π es precisamente la razón entre un círculo y la línea de su diámetro. Es decir: la razón entre el tiempo que pasa y el tiempo que permanece.

Y si dibujas un cuadrado de lado 113 y encierras en él un círculo, lo que queda del cuadrado por fuera del círculo mide aproximadamente 2.740 unidades — 20 × 137. El número de la luz, otra vez, en el margen mismo de la geometría.

הִתְבּוֹנְנוּת

π es un número que nunca termina y nunca se repite. Para medir un círculo —la forma más simple del universo— hace falta un número infinito. El tiempo es igual: cada año vuelve al mismo punto, y nunca es el mismo.

¿En qué dimensión del tiempo vives tú? ¿En el año —donde todo cambia, abundancia y hambre, subidas y bajadas? ¿O en el día —esa luz constante que corre por debajo de todos los cambios? El Faraón se quedó en la orilla y solo vio las estaciones. Yosef se paró sobre el río.

Y hoy hay algo que hacer: una vez, antes de que termine el día, pasa de la orilla al río. En vez de preguntar «¿qué me pasó este año?», pregunta «¿qué luz ha sido la misma en todos estos años?». Esa pregunta, ya es teshuvá.

נֵצַח יִשְׂרָאֵל לֹא יְשַׁקֵּר

«La Eternidad de Israel no miente»

Esta frase (Shmuel I / 1 Samuel 15:29) habla del tiempo eterno, y el valor de todo el versículo es 1.775 — o sea 5 × 355, cinco veces «año»: el tiempo que pasa. Y ese mismo versículo, en cuenta reducida, da exactamente 137. La eternidad está hecha de aquello mismo que transcurre.

Del libro «137: The Riddle of Creation» de Rav Yitzchak Ginsburgh, cap. 13

El círculo vuelve; la línea avanza. El calendario hebreo ata los dos —la luna que gira y el día que no— y su razón es ese número que ninguna fracción alcanza del todo. Quizá por eso está hecho el tiempo: para que lo que pasa toque lo que no termina.

חַשְׁמַל

Cabalá & Filosofía Judía

Jashmal — La voz del silencio