Serie Sanidad · Éxodo 15:26
יְהוָה רֹפְאֶךָYo soy Hashem tu sanador
El versículo
Acaban de cruzar el Mar Rojo. En Mará, el agua era amarga y el pueblo se quejó. Dios les endulzó el agua y entonces selló un pacto: «Si de veras escuchas la voz de Hashem tu Dios... ninguna de las enfermedades que puse sobre Egipto pondré sobre ti, porque Yo soy Hashem tu sanador» (Éxodo 15:26).
La palabra final, רֹפְאֶךָ (rofejá), significa «tu sanador». Dios no dice «envío la cura» ni «doy la cura». Dice: el sanador soy Yo mismo. La sanidad no es una acción Suya — es uno de Sus Nombres.
«Porque Yo soy Hashem tu sanador.»
— Éxodo 15:26
Rashi: la Torá como receta
Rashi (Francia, siglo XI; el más grande de los comentaristas de la Torá) trae sobre este versículo una idea honda. Pregunta: si Dios no envía la enfermedad, ¿qué significa «sanador»? Y responde — citando la Mejilta — que la Torá misma es la medicina. Las palabras de la Torá, como la receta de un médico, son preventivas: quien vive según ellas, no deja entrar la enfermedad.
Así Dios tiene dos sanidades: una, la cura del que ya cayó; otra, la Torá como prevención — para que no caigas siquiera. El médico verdadero no solo cura: sostiene.
Primero el perdón, luego la cura
David, en Salmos 103:3, pone esas dos sanidades en un solo versículo, y su orden es un secreto: «הַסֹּלֵחַ לְכָל עֲוֺנֵכִי, הָרֹפֵא לְכָל תַּחֲלֻאָיְכִי» — «Él, que perdona todas tus culpas, que sana todas tus dolencias».
Primero הַסֹּלֵחַ (hasoléaj, «el que perdona»), luego הָרֹפֵא (harofé, «el que sana»). El perdón viene antes que la cura. Los sabios enseñan que la sanidad verdadera empieza por dentro: primero se limpia el alma, después el cuerpo puede recuperarse. El perdón es ya la primera medicina.
אֲנִי יְהוָה רֹפְאֶךָ
La sanidad no es algo que Él envía — es lo que Él es
Cuando Dios se nombra a Sí mismo «tu sanador», dice algo sobre Su esencia. La sanidad no es una de Sus muchas obras: es Su Nombre. Y el camino de ese Nombre lo muestra Salmos 103:3: primero el perdón, luego la cura. Quien busca sanar, que primero se reconcilie con su propia alma. Porque el médico verdadero cura el cuerpo después del alma.
Quizás por eso el agua amarga de Mará se endulzó antes de que Dios se llamara sanador: primero algo amargo debe volverse dulce — y solo entonces puede pronunciarse el Nombre de la sanidad. En toda amargura hay una dulzura escondida que aguarda Su Nombre.
חַשְׁמַל
Cabalá & Filosofía Judía